14 de octubre, 2015 Reportajes comentarios Bookmark and Share
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En el mes de enero del pasado año 2014 se declaró en Charleston, Virginia (Estados Unidos), un grave episodio de contaminación en el río Elk, principal recurso de agua de la ciudad, debido a un vertido de 4-metilciclohexanometanol (4-MCHM). Este evento, que fue declarado emergencia estatal y federal, desencadenó actuaciones en diversos frentes. Uno de ellos fue la caracterización del olor del agente causante del episodio, que mayoritariamente fue calificado como regaliz (licorice). De esta forma, este término ha entrado a formar parte del léxico de los olores y sabores del agua potable y, muy probablemente, será incorporado en la próxima versión de la rueda de gustos y olores consensuada por la comunidad científica internacional en el marco del método del Flavour Profile Análisis (FPA).

El presente artículo se centra en la vertiente sensorial, fundamentalmente en dos aspectos: la disponibilidad de un nuevo descriptor; y la trascendencia de la isomería en la molécula del 4-MCHM. El estudio del 4-MCHM pone de manifiesto que las propiedades fisicoquímicas y, por tanto, su comportamiento medioambiental (movilidad, toxicidad, etc.) y en los tratamientos de potabilización de las aguas, son isómero-dependientes. En consecuencia, debe disponerse de documentación técnica de los isómeros y de técnicas analíticas capaces de determinarlos individualmente con sensibilidad suficiente.  Así mismo, en el terreno del análisis sensorial, el episodio ha propiciado que el término regaliz forme ya parte del léxico del sector del agua. El olor del 4-MCHM se debe fundamentalmente al isómero cis, que es un potentísimo agente odorífero.

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