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La transformación digital también ha revolucionado el sector del agua con la integración de sistemas de monitorización en tiempo real, análisis predictivos y plataformas colaborativas que están cambiando por completo la gestión de este recurso clave.
El agua no espera, como tampoco lo hacen las fugas, las roturas o incluso las contaminaciones que pueden comprometer rápidamente el suministro de poblaciones enteras. Es cierto que, durante mucho tiempo, toda la gestión del agua se ha desarrollado a través de protocolos manuales, con inspecciones periódicas y mucha experiencia sobre el terreno. Un sistema que funcionaba, sí, pero que dejaba poco margen para la anticipación. Afortunadamente, la tecnología ha irrumpido en este campo para cambiar por completo las infraestructuras hidráulicas, trayendo un cambio de paradigma que facilita una gestión más sostenible y resiliente.
Todo el brutal volumen de datos que se genera desde la captación de agua hasta su depuración ahora queda registrado y se interpreta para mejorar la eficiencia de las redes hidráulicas. Las instalaciones ahora cuentan con sensores de caudal, medidores de presión, sistemas SCADA y muchos más elementos que dan forma a una infraestructura crucial. Permiten que la información se convierta en conocimiento aplicable, que se pueda actuar antes de que surjan problemas para garantizar una distribución y suministros impecables.
Cualquier técnico que lleve años en el sector del agua lo sabe bien: los archivos en papel, las carpetas desbordadas y las hojas de cálculo compartidas por correo electrónico han sido durante mucho tiempo la columna vertebral de la gestión técnica. Planos de redes, registros de mantenimiento, históricos de consumo, análisis de calidad... todo eso estaba registrado en formato físico, o disperso en multitud de archivos digitales que no estaban vinculados. Algo que hacía que buscar un dato específico fuera una tarea ardua y laboriosa.
Pero la digitalización ha cambiado eso radicalmente. En la actualidad, las plataformas de gestión integrada permiten centralizar toda la información técnica en un único entorno accesible desde cualquier dispositivo. Es más, la presentación de esos datos ha evolucionado: ya no solo se vuelcan números en tablas. Ahora hay interfaces visuales que transforman las cifras en gráficos entendibles, mapas interactivos que muestran el estado de la red en tiempo real e incluso alertas automáticas que avisan de anomalías con antelación. Un cambio que requiere una transición, obviamente, y que muchas empresas están consiguiendo gracias a herramientas que permiten, por ejemplo, crear la landing page: una web donde presentar sus esquemas técnicos, documentación de proyectos y datos operativos de forma clara y accesible.
Este gran cambio permite que los equipos técnicos tomen decisiones mucho más rápidas y fundamentadas. Sin ir más lejos, un operario que detecta una caída de presión en un sector puede consultar al instante el histórico de esa zona, identificar patrones similares y actuar en consecuencia. O también, un responsable de calidad puede comparar los valores actuales con los umbrales regulatorios sin necesidad de buscar en infinidad de documentos. La información fluye, se actualiza constantemente y está disponible cuando se necesita. Eso sí es eficiencia operativa real.
El Internet de las Cosas (IoT) también ha aportado su granito de arena (o gota de agua) a la digitalización del ciclo de agua. Las infraestructuras hidráulicas han comenzado a usar todo tipo de sensores para obtener datos de puntos clave continuamente. Así, siempre están al tanto de caudales, presiones, turbidez, temperaturas, niveles de cloro y mucho más, cosa que es clave para analizar y actuar.
La ventaja de este enfoque es importante ya que, por un lado, permite detectar anomalías de forma inmediata y, por otro lado, los datos históricos acumulados sirven para alimentar modelos predictivos que pueden detectar fallos mucho antes de que ocurran. Gracias a los nuevos algoritmos de machine learning y la IA, se pueden analizar patrones de comportamiento y señalar rápidamente los tramos con mayor probabilidad de rotura o fallo, permitiendo así programar actuaciones preventivas y evitar cortes de suministro, además de reducir costes de reparación.
Además, la conectividad IoT facilita la gestión de las instalaciones en remoto. De hecho, ahora un operador puede abrir o cerrar válvulas, activar bombas o ajustar parámetros de tratamiento sin necesidad de desplazarse. Una novedad que ahorra mucho tiempo y que es valiosa sobre todo en redes grandes o en zonas de difícil acceso, que hace que incluso las infraestructuras más antiguas se conviertan en sistemas adaptativos capaces de responder a condiciones cambiantes con una rapidez que antes era imposible. Y sí, es cierto que hay mucho por resolver todavía en este campo, pero este es el caudal que hay que seguir.
En el sector del agua, el mantenimiento siempre ha funcionado bajo dos modelos principales: el correctivo, que actúa cuando algo falla; y el preventivo, que programa intervenciones periódicas independientemente del estado de los equipos. Ambos tienen limitaciones obvias, ya que el primero puede provocar interrupciones imprevistas y el segundo genera costes innecesarios. Durante décadas fueron lo único que había, aunque no son perfectos.
La digitalización ha permitido la entrada de un tercer modelo: el mantenimiento predictivo. Este se basa en el análisis continuo de datos operativos, estimando con mucha precisión cuándo habrá que atender un equipo. Los sensores de vibración en bombas, las termografías en cuadros eléctricos, los análisis de consumo energético y muchas más variables están continuamente dando información sobre el estado real de cada parte de las infraestructuras. Así, cuando los algoritmos detectan algún cambio, avisan de inmediato para intervevnir a tiempo.
La digitalización del ciclo integral del agua es algo que ha nacido fruto de la necesidad, que está convirtiendo redes envejecidas, aprovechando mejor recursos hídricos cada vez más escasos, permitiendo cumplir normativas cada vez más exigentes y facilitar una mayor demanda a la ciudadanía. Si bien es cierto que las herramientas digitales no sustiyuten al conocimiento técnico ni a la experiencia sobre el terrno, sí que los potencian y los hacen más efectivos. El sector ha cambiado por completo, y seguirá haciéndolo.