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21 de septiembre, 2021 Reportajes comentarios Bookmark and Share
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El pasado 1 de septiembre de 2021 se publicó la versión española de la norma UNE-EN 16941-2 Sistemas in situ de agua no potable. Parte 2: Sistemas para la utilización de aguas grises tratadas, un gran paso para dar visibilidad al uso de las aguas grises tratadas y, a su vez, regular los sistemas que lo hacen posible. En este artículo, Carme Santasmasas, directora técnica de Remosa nos acerca las novedades de esta nueva norma.

Las aguas grises, provenientes prioritariamente de duchas, bañeras y lavabos, son una fuente importante de agua tanto por el volumen, representando un 50% de las aguas domésticas, como por la débil contaminación que presentan (ver Tabla 1). Estas aguas, una vez tratadas adecuadamente, son un recurso no menospreciable. Ante la creciente demanda del uso in situ de estas aguas tratadas se ha visto la necesidad de desarrollar, a nivel europeo, un marco normativo.

En la nueva norma se pueden encontrar unas pautas básicas para el diseño, dimensionado, instalación, identificación, puesta en marcha y mantenimiento de los sistemas de tratamiento de aguas grises. Se indican, además, posibles aplicaciones, como la descarga de agua de los urinarios, riego de jardines, etc., y se excluyen todos aquellos usos que implican un contacto con la persona, como agua de boca, preparación de comida o higiene personal.

En cuanto a la calidad microbiológica exigida, la norma la deja en manos de los reglamentos locales y/o estatales, aunque se indican unas calidades mínimas, según su uso, tomadas a partir de la norma inglesa BS 8525 (ver Tabla 2).

La norma también señala los siguientes elementos funcionales:

  • Captación. Se destaca la necesidad de red separativa bien señalizada que funciona por gravedad, cuando es posible, o por bombeo.
  • Tratamiento. Es importante considerar tanto la calidad del agua a tratar como los requisitos a cumplir, así como determinar el factor limitante entre la producción de aguas grises y la demanda de tratadas. Todo ello para determinar la solución tecnológica adecuada.
  • Almacenamiento. Los depósitos de acumulación deben ser estancos con rebose y con una capacidad del 50% o más del volumen total diario tratado sin excederse en su volumen de modo de mantener la calidad
  • Distribución de aguas tratadas. Se hace hincapié en asegurar la aportación aguas en el punto de uso, tanto tratadas como de reserva (por ejemplo, agua potable) cuando no se disponga de estas. Y todo esto protegiendo del reflujo la línea de agua potable. También las líneas de agua de retorno no potable deben ir perfectamente marcadas e identificadas.

 

Esta norma aborda temas controvertidos que seguro que generaran debate, como el uso de las aguas tratadas para el lavado de ropa, o la posibilidad de unir las líneas de aguas grises y pluviales para su posterior tratamiento, recursos distintos tanto en continuidad en la aportación como en la contaminación que poseen. En cualquier caso, la publicación de esta norma potencia la implementación de este tipo de instalaciones, con el objetivo de una gestión ecológica y sostenible.

 

Sistemas Remosa

Aproximadamente un 50% del consumo de las aguas potables en una vivienda se destina a duchas, baños y lavabos. Una vez tratadas se podrían utilizar hasta un 32% de estas para la recarga de sanitarios y el resto para otras aplicaciones, como el riego de jardines, funciones de limpieza...

Remosa ha sido pionera en España en el diseño y fabricación de sistemas BRM para el tratamiento eficaz de las aguas grises participando, además, en proyectos internacionales que avalan el desarrollo de estos productos.

La autora de este artículo, Carme Santasmasas, es directora técnica de Remosa, vocal experta en el Comité Técnico de Normalización UNE y Coordinadora de la Comisión de Depuradoras Prefabricadas de Aqua España.

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