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Unos 200 profesionales del sector del agua asistieron el pasado 5 de marzo a la jornada técnica ´Gestión avanzada en los contaminantes emergentes: de la detección al tratamiento cuaternario´ organizada por Tecnoaqua y DAQUAS, y que contó con AGQ Labs como partner principal y los siguientes patrocinadores: Acciona, Aqua Positive, Captoplastic, Chiemivall-Grupo Acideka, IMDEA Agua, Ingapres, Sacyr Agua, Sorigué, Veolia y Xylem. El objetivo no era otro que analizar los avances necesarios para el cumplimiento de la Directiva TARU, sobre todo en relación a los contaminantes emergentes tanto desde el punto de vista de la detección como de su tratamiento. Y la respuesta es clara: el sector está preparado técnicamente para asumir los nuevos desafíos, pero es necesaria una gran inversión para modernizar las infraestructuras porque la TARU marca también un punto de inflexión.
La gestión de los contaminantes emergentes y los retos que plantea la nueva Directiva europea sobre tratamiento de aguas residuales urbanas (TARU) centraron el foco de esta jornada técnica que reunió en Madrid a representantes institucionales, expertos técnicos, operadores del sector del agua e investigadores de la universidad y centros tecnológicos para analizar el impacto de la nueva normativa europea y los avances tecnológicos necesarios para cumplir con los nuevos requisitos en materia de depuración.
Durante la apertura de la jornada, Jesús Maza, presidente de DAQUAS, puso de relieve que la transposición de la Directiva TARU constituye uno de los principales desafíos regulatorios para el sector del agua urbana en España. Maza explicó que el proceso de adaptación de la normativa “se está desarrollando de forma progresiva y compleja, lo que hace necesario disponer de tiempo suficiente para que el sector pueda analizar sus implicaciones y trasladar propuestas que contribuyan a una implementación eficaz”. En este contexto, destacó que una de las principales novedades de la directiva es la incorporación obligatoria del tratamiento cuaternario para la eliminación de contaminantes emergentes, una exigencia que supondrá un reto relevante tanto desde el punto de vista tecnológico como inversor.
Por su parte, Silvia Naranjo, gerente de Medio Ambiente de AGQ Labs, remarcó en la inauguración que "estamos ante un punto de inflexión para el sector del agua. La Directiva (UE) 2024/3019 no es un ajuste normativo. Es un cambio estructural. Durante décadas hemos estado diseñando depuradoras para eliminar materia orgánica y nutrientes. Y ha funcionado. Ahora el reto es otro. Hablamos de PFAS, de fármacos, de microplásticos y de compuestos persistentes en concentraciones mínimas con impacto máximo. El tratamiento cuaternario deja de ser una opción. Pasa a ser una obligación. Y eso cambia todo: cambia la ingeniería, cambia la operación y cambia la inversión". El debate ya no es solo qué tecnología instalar. Es: ¿qué eliminar?
¿con qué eficiencia? ¿con qué coste energético? ¿con qué impacto global? Y nadie puede hacerlo solo, sino que es necesaria una colaboración real entre administración, ooperadores, ingenierías y laboratorios.
El sector del agua dejó claro en la jornada que está preparado técnicamente para afrontar este desafío, pero necesita reducir la incertidumbre sobre cómo se va a llevar a cabo la implementación y disponer del tiempo necesario para planificar adecuadamente las soluciones. Los tiempos que marca la Directiva TARU, recordó Irene Morente, de la Dirección General del Agua, son de cumplimiento europeo y su entrada en vigor está fechada para el 31 de julio de 2027, sabiendo que a partir de esa fecha se van marcand unos plazos de cumplimiento según habitantes equivalentes y aglomeraciones urbanas.
En ese sentido, Enrique Baquerizo, presidente de la Comisión V de Depuración y Economía Circular de DAQUAS, expuso el punto de partida del sector del saneamiento y depuración en España y advirtió de la insuficiencia estructural de financiación que afronta el sistema. Según explicó, la tarifa media del agua en España —2,23 euros/m³— continúa siendo limitada en comparación con otros servicios esenciales, lo que dificulta abordar las inversiones necesarias para la modernización de las infraestructuras. Baquerizo recordó además que el sector debe afrontar simultáneamente varios desafíos: el cumplimiento pleno de la normativa actual, la renovación de infraestructuras envejecidas y la incorporación de tecnologías avanzadas para la eliminación de microcontaminantes. No obstante, destacó que el sector del agua cuenta con una elevada capacidad técnica y operativa y presta un servicio esencial que funciona de forma eficaz, aunque será necesario abordar con realismo los retos que plantea el nuevo marco normativo europeo.
La Directiva TARU impulsará la incorporación de tratamientos terciarios y cuaternarios, así como el control energético y el avance en la economía circular, consolidando la evolución de las EDAR hacia modelos de biofactoría. La transposición de la normativa europea al ordenamiento jurídico español deberá completarse antes del 31 de julio de 2027 y requerirá inversiones cercanas a los 30.000 millones de euros, lo que convierte este proceso en uno de los mayores retos de modernización del sector del agua en las próximas décadas.
Según el experto Rafael Marín Galvín, director de la Cátedra Emacsa, la presencia de compuestos de preocupación emergente (CPE) en las aguas residuales españolas no es especialmente preocupante en la
actualidad, sobre todo desde el punto de vista tecnológico por la capacidad de las depuradoras a controlar y eliminar esos compuestos. El cumplimiento de los niveles de depuración de CPE exigidos en la TARU es técnicamente posible: ozono, carbón activo y filtración sobre arena son efectivos en grandes EDAR, mientras las tecnologías basadas en la naturaleza (humedales, lagunaje) son así mismo eficaces en EDAR pequeñas. Sí hay que tener en cuenta que los emisores de CPE a las aguas residuales son tanto industrias como la propia actividad doméstica, por lo que incidió en la necesidad de potenciar los mensajes hacia la ciudadanía por parte de las admministraciones. En el aire dejóo la siguiente cuestión: "¿tenemos músculo económico (y consenso político) para abordar la adaptación necesaria de nuestras EDAR?".
Desde el punto de vista del laboratorio (AGQ Labs, Acciona y Captoplastic), la Directiva TARU convierte los microcontaminantes en un eje de cumplimiento y modernización. No se ha descubierto América. Es decir, los contaminantes emergentes siempre han estado ahí, pero ahora sí es necesario su monitorización por el bien humano y medioambiental. Sin métrica, no hay gestión. Por lo tanto, la analítica pasa a ser imprescindible, vehiculándose no solo como un número, sino como un dato para decidir. Eso implica mayor verificación de los procesos y aunar esfuerzos entre técnica, calidad y coordinación entre operador, ingeniería y laboratorio para lograr resultados exitosos. Además, cada contaminante tiene su lógica, por lo que avanzar en depuración no es solo cumplir límites, sino que es decidir qué contaminantes se quieren eliminar y dónde.
La visión de los operadores y explotadores de agua (Canal de Isabel II, Nilsa y Sacyr) permitió a los asistentes entender la impoortancia de realizar trabajos de investigación y proyectos pilotos en relación a los contaminantes emergentes para evaluar las técnicas más adecuadas para su tratamiento. En general, las EDAR actuales reducen la concentración de algunos de estos contaminantes, pero no son suficiente por lo general para cumplir con lo requerido por la Directiva TARU. De ahí la necesidad de tratamientos cuarternarios. Según estos trabajos, todos los contaminantes de preocupación emergente analizados en las aguas residuales pueden alcanzar una remoción del 80% con alguna de las tecnologías y condiciones de experimentación ensayadas, ya sea oxidación avanzada, ozonización, radiación UV, carbón activado y tecnologías de membranas (ósmosis inversa, nanofiltración...). ¿La elección? Todas las tecnologías estudiadas pueden servir como tratamiento cuaternario debiendo realizarse la selección en cada caso según los aspectos técnicos, económicos y ambientales relativos a cada tecnología. Digamos que el sector es capaz de crear un ´traje a medida´ para cada necesidad. Y en esa forma de operar también se puede tener en cuenta el ´beneficio económico´ que supone el agua si se afronta con objetivos water positive. Como expuso Aqua Positive, desde un punto de la inversión, el agua tiene un valor económico y, por tanto, las soluciones que protegen su calidad también pueden tener arquitectura financiera.
Desde el punto de vista técnico, se dieron a conocer las propuestas de varias ingenierías y empresas especializadas del sector del agua. En su conjunto se analizaron experiencias de soluciones basadas en la naturaleza (lagunajes) para pequeñas EDAR (Sorigué); el uso del carbón activo como una herramienta principal fundamental en los tratamientos de diferentes aguas para la eliminación de los nuevos contaminantes emergentes, como fármacos y compuestos orgánicos persistentes (ChiemiVall); una solución integral end to end, que abarca desde el diagnóstico y caracterización inicial de microcontaminantes, pasando por la selección e implementación de tecnologías avanzadas, hasta la operación optimizada y el mantenimiento predictivo mediante digitalización (Veolia); el diseño y la implantación de sistemas de ozonización combinados con filtración con carbón activo granular o biofiltración (Xylem); soluciones flexibles multibarrera para optimización de costes mediante una platafoorma demostrativa cuyo objetivo principal es mejorar la calidad del agua procedente del tratamiento secundario mediante pretratamientos avanzados (Aqualia); y el empleo de una alta concentración de ozono en el proceso de eliminación de contaminantes emergentes en aguas urbanas (Ingapres). Todo esto demuestra que el sector está capacitado técnicamente para afrontar los desafíos del tratamiento de las aguas residuales y la necesidad de avanzar con firmeza en la trasposición de la Directiva TARU.
Como cierre de la jornada, se presentó la estrategia integral del Instituto IMDEA Agua para abordar esta amenaza, desde la detección analítica avanzada hasta soluciones tecnológicas innovadoras basadas en procesos de tratamiento y sistemas inspirados en la naturaleza. Más allá de la investigación fundamental (desde el campo del análisis o del tratamiento), se propuso la importancia de transferir conocimiento y las posibilidades de colaboración público-privada como base para seguir generando sinergias dentro del sector.
En conclusión y tomando de nuevo las palabras de Silvia Naranjo, gerente de Medio Ambiente de AGQ Labs, la Directiva TARU marca "una oportunidad para modernizar infraestructuras, para optimizar procesos y para avanzar hacia sistemas más inteligentes y más sostenibles". Y si bien puede verse como una exigencia, el sector del agua prefiere afrontarla como una oportunidad.