19 de junio, 2026
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La presencia de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, conocidas como PFAS, se ha convertido en uno de los principales retos ambientales y analíticos vinculados a la calidad del agua. Su elevada persistencia, movilidad y dificultad de eliminación explican que estos compuestos sean conocidos como ´químicos eternos´ y que cada vez ocupen un lugar más relevante en la regulación europea y nacional. Por ello, Laboratorios Tecnológicos de Levante (LTL) advierte de la necesidad de reforzar el control analítico de PFAS y TFA en el agua.

La actualidad ha vuelto a situar el foco en el ácido trifluoroacético, conocido como TFA, un compuesto de cadena ultracorta perteneciente al grupo de los PFAS. Informes recientes de la Red de Acción en Plaguicidas de Europa, PAN Europe, han advertido de su presencia en ríos, acuíferos y otras masas de agua europeas, así como del posible papel de determinados pesticidas que contienen PFAS como fuente de contaminación.

Ante esta situación, LTL subraya la importancia de reforzar el control analítico de contaminantes emergentes en el agua, especialmente en un momento en el que la normativa avanza hacia una vigilancia más exigente, preventiva y adaptada a nuevas sustancias de interés ambiental y sanitario. “Los PFAS y el TFA muestran cómo la gestión del agua necesita incorporar nuevas capacidades analíticas. No se trata únicamente de cumplir una norma, sino de disponer de datos fiables para anticipar riesgos, tomar decisiones técnicas y proteger los recursos hídricos”, señalan desde la compañía.

Un marco normativo cada vez más exigente

La preocupación por los PFAS ya se ha trasladado al ámbito legislativo. En materia de agua de consumo, la Directiva (UE) 2020/2184 incorporó límites específicos para estos compuestos, posteriormente recogidos en España a través del Real Decreto 3/2023, que establece los criterios técnico-sanitarios de la calidad del agua de consumo, su control y suministro.

Este marco contempla el parámetro ∑20 PFAS, con un valor paramétrico de 0,10 µg/L, y fija un calendario para su control y cumplimiento por parte de los operadores. Esto supone un cambio relevante para el sector: la vigilancia del agua ya no puede limitarse únicamente a los parámetros tradicionales, sino que debe adaptarse a contaminantes emergentes que requieren métodos analíticos específicos, sensibilidad técnica y una interpretación rigurosa de los resultados.

A esta evolución se suma la Directiva (UE) 2026/805, que modifica el marco europeo de protección de aguas superficiales y subterráneas e incorpora nuevas sustancias y grupos de contaminantes, entre ellos determinados PFAS. Esta actualización refuerza la necesidad de controlar con mayor precisión el estado químico de las masas de agua y de adaptar la vigilancia ambiental a compuestos de alta persistencia.

Por su parte, el Real Decreto 1085/2024, que aprueba el Reglamento de reutilización del agua, consolida un enfoque basado en la gestión del riesgo para las aguas regeneradas. Aunque no se trata de una norma específica sobre PFAS, sí refuerza una idea clave: la reutilización exige conocer con precisión la calidad del recurso, evaluar los riesgos asociados a cada uso y establecer controles adecuados para proteger la salud humana, el medio ambiente y la sanidad animal.

El TFA, un contaminante persistente y difícil de gestionar

El TFA plantea un desafío específico para la vigilancia del agua. Su elevada solubilidad y movilidad favorecen su desplazamiento a través del suelo y su llegada a aguas superficiales y subterráneas. Además, su persistencia dificulta su eliminación mediante tratamientos convencionales, lo que incrementa la necesidad de detección, seguimiento e interpretación técnica.

Por ello, el control del agua no puede limitarse únicamente al punto final, sino que debe considerar el origen de la contaminación, las vías de entrada al medio y la evolución de los contaminantes en el ciclo del agua. Esta mirada resulta especialmente importante cuando se trabaja con sustancias persistentes, móviles y de difícil eliminación, como ocurre con determinados PFAS y con el TFA.

Esta realidad afecta directamente a administraciones públicas, operadores de abastecimiento, industrias, comunidades de regantes, gestores de aguas regeneradas y entidades responsables de vertidos o masas de agua. Para todos ellos, el control analítico deja de ser un trámite y se convierte en una herramienta estratégica de prevención, cumplimiento normativo y toma de decisiones.

Datos fiables para decisiones técnicas

La detección de PFAS, TFA y otros contaminantes emergentes exige metodologías específicas, sensibilidad analítica, trazabilidad en la toma de muestras, control de calidad e interpretación especializada de los resultados. LTL trabaja con empresas, industrias y administraciones en el análisis y monitorización de diferentes tipos de agua: aguas de consumo humano, aguas industriales, aguas residuales, vertidos, aguas superficiales, aguas subterráneas, aguas regeneradas y aguas vinculadas a usos agrícolas o ambientales.

Desde su experiencia en análisis de aguas, el laboratorio acompaña a sus clientes en la definición de planes de control, la evaluación de parámetros analíticos y la interpretación de resultados, con el objetivo de transformar el dato en criterio técnico útil para la gestión. Este enfoque permite a administraciones, operadores e industrias anticiparse a posibles incidencias, reforzar sus sistemas de vigilancia, adaptar sus controles a los nuevos requisitos normativos y contar con información fiable para justificar decisiones técnicas.

Anticiparse al nuevo escenario del agua

La evolución de la normativa europea y nacional apunta hacia un modelo de control más preventivo, más preciso y atento a los contaminantes emergentes. Anticiparse resulta fundamental para reducir riesgos, planificar actuaciones y reforzar la confianza en la calidad del agua. Para Laboratorios Tecnológicos de Levante, los PFAS y el TFA representan un ejemplo claro de cómo los laboratorios deben evolucionar junto a los nuevos desafíos ambientales. “La calidad del agua ya no puede evaluarse únicamente desde los parámetros tradicionales. La gestión actual exige incorporar contaminantes emergentes, interpretar su impacto y acompañar técnicamente a quienes tienen que decidir”, añaden desde el laboratorio.

Para administraciones, operadores, industrias y entidades responsables de la gestión del agua, contar con un laboratorio especializado permite anticiparse a los cambios normativos, reforzar los planes de vigilancia y tomar decisiones con mayor seguridad técnica. LTL acompaña a sus clientes en ese proceso, aportando análisis, trazabilidad e interpretación experta para adaptar el control del agua a las nuevas exigencias ambientales y regulatorias.

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