27 de marzo, 2026
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Arteixo, municipio del área metropolitana de A Coruña, acogerá el próximo 16 de abril unas jornadas que marcarán un punto de inflexión en el debate sobre la digitalización del agua en el ámbito de los sistemas de agua urbana. El encuentro reunirá a más de treinta ponentes, entre operadores, representantes de la administración, universidades y centros de investigación, configurando un espacio de análisis especialmente relevante por la diversidad de perfiles y el nivel técnico de las aportaciones. Organizadas por la Asociación Española de Operadores Públicos de Abastecimiento y Saneamiento (AEOPAS), se pretende alcanzar la ´Carta de Arteixo´: una transición hídrica basada en datos, anticipación y acción colectiva.

La ´Carta de Arteixo´ se plantea como un proceso abierto y colectivo que busca reforzar el papel del agua como infraestructura crítica. El reto es claro: avanzar hacia una transición hídrica basada en datos, anticipación e inversión estructural sostenida por todas las administraciones. Para ello, la jornada no solo será un espacio de intercambio técnico, sino un entorno donde se compartirán experiencias reales de los sistemas de agua urbana, permitiendo identificar avances, capacidades, ventajas y también limitaciones estructurales.

Este ejercicio colectivo permitirá construir un diagnóstico compartido del sector, visibilizando tanto el grado de desarrollo alcanzado como las brechas existentes entre territorios. Precisamente ahí reside uno de los principales valores de estas jornadas: ordenar el conocimiento y generar una visión común del ciclo integral del agua a partir de la diversidad. Pero, sobre todo, Arteixo pondrá de manifiesto una idea clave: este proceso no puede ser puntual. La transformación del sector exige continuidad, estabilidad y visión estratégica a largo plazo. No basta con compartir experiencias, es necesario sostener en el tiempo los espacios de cooperación, inversión y planificación que permitan avanzar de forma estructural.

En este contexto, la ´Carta de Arteixo´ deja de ser una reflexión para convertirse en una herramienta en movimiento. No es un documento cerrado, sino un proceso abierto y vivo, que se construye a partir de aportaciones continuas y que necesita ser enriquecido colectivamente. Su vocación es clara: abrirse a la sociedad en su conjunto para que el agua ocupe un lugar central en la agenda institucional, social y económica, en coherencia con su papel como infraestructura crítica para la sostenibilidad.

El planteamiento de fondo es claro: si el agua constituye una infraestructura esencial para la salud pública, la cohesión territorial y la actividad económica, necesita un respaldo político y financiero acorde a esa responsabilidad. No puede seguir operando bajo lógicas de inversión intermitente ni depender de convocatorias puntuales. Y este proceso no parte de cero. En los últimos años, el propio sector ha ido construyendo una base sólida. Iniciativas impulsadas por AEOPAS han permitido ordenar el conocimiento existente, compartir experiencias y, sobre todo, entender con mayor precisión el estado real de los sistemas de agua urbana.

El diagnóstico es compartido: existe una elevada diversidad de situaciones. Mientras algunos sistemas se encuentran aún en fases iniciales, centrados en la medición y conocimiento de sus redes, otros avanzan hacia modelos más integrados, donde los datos en la gestión del agua empiezan a estructurar la toma de decisiones. Incluso en los casos más avanzados, el recorrido está lejos de completarse. Según Luis Babiano, gerente de AEOPAS, "el reto ya no es digitalizar partes del sistema, sino transformarlo en su conjunto. La clave está en avanzar hacia modelos donde el dato circule, se interprete y se convierta en decisiones operativas que mejoren el servicio. No se trata de incorporar tecnología, sino de utilizarla para reforzar la gestión eficiente del agua".

Esta transformación adquiere pleno sentido cuando se orienta a la anticipación. Los fenómenos extremos son cada vez más frecuentes y están tensionando sistemas diseñados para condiciones que ya no existen. En este contexto, la digitalización deja de ser una mejora operativa para convertirse en una herramienta clave de resiliencia hídrica y anticipación. Al mismo tiempo, esta evolución debe situar a la ciudadanía en el centro del sistema. La digitalización debe contribuir a hacer los servicios de agua más transparentes, comprensibles y accesibles, reforzando la confianza y promoviendo comportamientos responsables en el uso del agua.

El PERTE de digitalización del agua ha jugado un papel decisivo en esta primera fase. Ha actuado como capital semilla, activando proyectos, reduciendo barreras y acelerando dinámicas que ya estaban presentes en el sector. Sin embargo, su principal valor ha sido abrir un proceso que ahora exige continuidad y consolidación. La siguiente fase requerirá un cambio de escala. La transformación no puede sostenerse sobre proyectos aislados ni sobre impulsos coyunturales. Exige una estrategia de largo recorrido y, sobre todo, marcos de inversión estables y comparables a los de otros sectores estratégicos.

La transición hídrica no será posible sin inversión estructural en agua. Requerirá un compromiso sostenido del Estado, las comunidades autónomas y las instituciones europeas, capaz de garantizar la planificación a medio y largo plazo y la resiliencia del sistema. La inversión en agua deberá situarse al mismo nivel que la transición energética, combinando financiación pública, señales económicas e incentivos adecuados.

Este marco, además, deberá construirse desde el consenso. No podrá responder a lógicas de corto plazo ni a decisiones fragmentadas. Requerirá espacios de cocreación en los que participen administraciones, operadores, ámbito académico, tejido económico y sociedad, capaces de generar estrategias compartidas y sostenibles. En este contexto, la Carta de Arteixo se plantea como un proceso abierto, necesariamente inacabado, que requiere nuevas adhesiones y participación activa. Su valor reside en su capacidad de integrar distintas miradas, generar acuerdos amplios y construir una hoja de ruta común basada en el conocimiento técnico y la experiencia compartida.

El documento cumplirá así una doble función. Por un lado, elevar el nivel de ambición de las políticas públicas, situando el agua en el centro y reclamando instrumentos europeos que permitan consolidar la digitalización y la adaptación del sistema. Por otro, reconocer que esta transformación solo será viable si se construye de manera colectiva, evitando brechas territoriales y garantizando que todos los sistemas puedan formar parte del proceso.

Para Babiano, el siguiente paso será claro: activar el proceso. "Trabajar la Carta, abrirla, ampliarla y convertirla en una herramienta útil para orientar decisiones, alinear esfuerzos y sostener la transición hídrica en el tiempo. El reto ya no será tecnológico. Será institucional, económico y colectivo. Tendrá que ver con la capacidad de anticipar, de invertir con visión de largo plazo y de construir acuerdos sólidos".

La transición ya ha comenzado. La cuestión será si se es capaz de abordarla con la ambición, la inteligencia colectiva y el compromiso que exige gestionar el agua como lo que es: una auténtica casa común.

Más información: Jornada AEOPAS Digitalización.

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